Irene Ramirez


Durante la segunda oleada de coronavirus en mi país, el virus me alcanzó de forma sorprendente, porque yo había tenido los cuidados necesarios; por lo tanto, comprendí que esta situación tenía un propósito, y era poner a prueba mi fe.

Después de todas las noticias de la televisión sobre el avance del virus en el cuerpo humano y la muerte de tantas personas, recuerdo que antes de acostarme la primera noche, sentí por un momento la incertidumbre de lo que pasaría al despertar al día siguiente.

Así que entregué toda mi carga al Dador de la Vida, a mi Señor Yeshua, el salvador y redentor de mi vida, y descansé en la quietud.

En ese momento, declaré mi sanidad cubriéndome con la sangre de Yeshua, creyendo y declarando Su victoria sobre toda enfermedad, por Sus méritos en la cruz. Profetizando y declarando la palabra que YHVH le dio al Profeta Ezequiel, para que el Espíritu Santo viniera de los cuatro vientos, para soplar vida en mis huesos, un lugar clave, porque la médula ósea, es donde reside nuestro sistema inmunológico (Ministración y Carta de Shabbat “La Cura de los Huesos” por la Apóstol Dominiquae Bierman, fecha 6-8-2020).

Y así usando otros versículos de sanidad, que eran mi resistencia y que lanzaba como piedras a mi enemigo, para que huyera y así fue… Porque no luchamos contra la carne y la sangre, sino contra espíritus de maldad (demonios) – como este virus.

Mi fe se incrementó, y mi corazón fue tocado porque pude experimentar el poder de la Palabra de YHVH que es viva, efectiva, y más filosa que cualquier espada de dos filos; y de su gran amor y misericordia, que me anima hoy a compartirla… ¡Gloria a YHVH!

Irene Ramirez, Perú